Filosofía para niños

Show simple item record

dc.contributor.author Romero Torres, Kodeiska Kimberly
dc.date.accessioned 2017-10-26T15:01:08Z
dc.date.available 2017-10-26T15:01:08Z
dc.date.issued 2017
dc.identifier.uri http://repositorio.unsa.edu.pe/handle/UNSA/3403
dc.description.abstract El ser humano como filósofo e investigador ha intentado precisar en qué momento de su historia empezó a ser diferente al resto de los animales, desde cuándo manifestó características singulares a él. Se ha cuestionado si el lenguaje y la conciencia son esas características peculiares a él, y se ha preguntado desde cuándo es consciente, qué factores influyeron para adquirir dicha consciencia y cuáles fueron los que le ayudaron a perfeccionarse como ser. Aunque en la actualidad todavía no hemos precisado cuándo el ser humano empezó a cuestionarse sobre la naturaleza y sobre sí mismo, podemos decir que es el único ser con razón práctica, como diría Paradiso (2013), en el sentido que le permite inferir, saber que hay causas y consecuencias, y puede clasificar en categorías tales como: bueno/malo, blando/duro (y los grados de dureza de distintos materiales) comestible/no comestible/venenoso, distinguir colores, etc. Seguramente su ser empírico, su curiosidad, su intento de protegerse, sobrevivir y conocer el mundo exterior le ayudó a experimentar y progresar su análisis de la realidad a través de miles de años. Este tipo de análisis permitió que su actividad mental se vuelva cada vez más compleja. En el paso de un ser prehistórico a otro, histórico, de ágrafo a alfabetizado; dejó de ser solo faber, afectivo –tal vez de espíritu y alma según la posición y postura individual, intuitivo y de razón práctica–, a ser uno en el que la razón no solo sea herramienta mental útil para elaborar algo, sino objeto mismo de estudio. Fue en Grecia donde hombres y mujeres (sobre todo hombres debido al rol de la mujer en su cultura), por medio del acto de razonar, dieron origen a ciencias como las matemáticas, la física y la astronomía; ciencias básicas que hasta el día de hoy nos sirven para conocer las causas materiales de ciertos sucesos y resolver otros. En este paso inevitable por la razón, los griegos compartieron preguntas tales como: ¿quiénes somos?, ¿de dónde venimos?, ¿qué representamos para el universo?, ¿cómo podemos conocernos?, ¿cómo podemos conocer a los demás?, ¿acaso podemos confiar en nuestros sentidos para conocer?, ¿existe otro modo de conocer que no sea el de nuestros sentidos?, ¿en qué realidad vivimos?, ¿hay diferentes realidades?, ¿cómo surgimos nosotros y el universo?, ¿estaremos solos?, ¿existirán tal vez otros seres semejantes a mí?, ¿cómo voy a vivir y sustentarme?, ¿qué es lo que queremos para nuestras vidas?. Tales cuestionamientos surgieron en sus momentos de ocio, posibilitado por su forma democrática de vida, en la que podían usar espacios públicos como las ágoras para discutir, argumentar y polemizar sus pensamientos, provocando así, en su continuidad, una flexibilidad mental que permitió la reflexión filosófica. De este modo empezamos a dar respuestas tentativas sobre los fundamentos de la vida y nuestro ser. Pareciera que encontramos satisfacción en esa curiosidad innata de conocer y descubrir si el fin último es el mero hecho de conocer o son otros factores las claves de la felicidad. Por ejemplo, Platón y Aristóteles señalaron que gracias a la admiración que sentía el ser humano por lo que acontecía alrededor, podía elevar su saber a través de las matemáticas; por ello consideraban indispensable desarrollar tanto las matemáticas como la filosofía. Aunque la sociedad griega no brindaba más importancia a la filosofía que a la educación, era sumamente necesario aprenderla porque contribuía a mejorar su visión crítica del mundo. No solo el diálogo en las plazas públicas fue una condición para el desarrollo de su filosofía, sino también el comercio con las culturas aledañas, ya que negociaban comida y libros, abriendo de esta manera el conocimiento del mundo que se tornó inteligible para ellos. El hecho de haber acogido principios de antaño no significa que se puedan aplicar en su totalidad a todas las sociedades contemporáneas, pues son tiempos, circunstancias y objetivos diferentes por alcanzar. En la búsqueda de esa felicidad, el ser humano empezó a formarse y a educarse. Antes del boom tecnológico, exactamente desde la Revolución Industrial, los capitalistas institucionalizaron la educación, pues se preguntaron: ¿para qué educar?, y la respuesta fue: para formar personas útiles para mi empresa. Del mismo modo, los ciudadanos se preguntaron: ¿para qué educarnos?; pues para no quedarnos atrás, no ser opacados por máquinas que reemplazarán nuestra mano de obra, para tener alimento en nuestro hogar. En la escena actual, en este mundo globalizado, la educación sigue siendo formadora de hombres que son mano de obra para las grandes empresas; por ello estas, bajo cualquier pretexto han eliminado –y lo seguirán haciendo– cualquier actividad que amenace tanto sus intereses como los de aquellos políticos que gobiernan y someten a su pueblo. La forma en que manejan sus actos es mal vista en las sociedades democráticas. No siempre su mal actuar es percibido; los políticos que mantienen su capacidad de “ser críticos” lo hacen bajo las sombras, sin reconocer cómo es el mundo real, sin generar el camino correcto para la respuesta a esa supuesta crítica a los gobernantes y a la relación de estos con la educación. Atrás quedaron esos ideales griegos donde la moral era importante para una ciudad regida por leyes con el fin de obtener una justicia idónea y una prolongada paz; atrás quedaron esas sendas limpias y seguras donde los niños podían jugar libremente, sin temor a ser atropellados o raptados; atrás quedaron los extensos diálogos en las plazas y la unión de los pueblos por un objetivo común. Ni la tecnología ni la ciencia han convertido nuestra sociedad en una sociedad culta, sin violencia. El problema no es en sí la ciencia y la tecnología propiamente dichas; el problema es cómo sus conceptos son transmitidos al resto de personas, especialmente en edad escolar, y lo que se pretende resolver con ellas. Por una parte, la ciencia es vista como un superhéroe capaz de resolver todos los problemas; aunque haya contribuido al desarrollo cultural no era necesario ponerla en tal alta estima. La ciencia funciona muy bien, pero dentro de sus límites y parámetros. Por otro lado, la tecnología es una gran herramienta que ha cambiado nuestras vidas; como diría Ernst Kapp (1877), es la extensión de nuestros brazos, ojos, piernas y oídos, nos ha librado de ciertas actividades engorrosas, es nuestra mano derecha porque le hemos relegado responsabilidades, no en el sentido que deba entenderse el peso de una responsabilidad, sino comprendido como un medio (dispositivo tecnológico de hardware y software) para simplificar tareas que nos tomarían tiempo realizarlas y el hecho de hacerlas, tal vez, pondría en peligro nuestras vidas. Como una TIC, o sea una Tecnología de la Información y Comunicación, se ha malinterpretado su función. Algunos la consideran parte de una educación clasista o desigual, porque no todos pueden acceder a ella y los que lo hacen, por ejemplo: los profesores, no tienen el control de esa Sociedad de Información, los desorienta –tanto a ellos como a sus estudiantes–, no cuentan con la capacitación respectiva en uso y aprovechamiento de las mismas, medidas de control y manejo (Arrieta, Tapia, Valdivia y Rosado, 2017). Los educadores en su mayoría nos han convertido en profesionales enseñándonos a leer y conocer sin estimular el pensar y el indagar, aprobando exámenes memorísticos y especializándonos en un sector donde no caben las emociones. Lo aprendido no nos hace más, no conduce a conmovernos por lo que acontece a nuestro alrededor. De nada sirven tantos años de educación escolar si no somos capaces de pensar con libertad, de resolver lo que aspiramos ser después de analizar los puntos a favor y en contra, y así tomar una decisión adecuada en nuestras vidas. Retomando la idea principal, de nada sirve la tecnología, la ciencia y la educación en la escuela si no logramos la formación integral del hombre, obtenemos la paz anhelada en nosotros mismos y con los demás; solo lo lograríamos si nos enseñan a pensar y aprender, porque esto implicaría algo más que un simple conocimiento. Además, una manera adecuada de asimilar ambas cosas es haciéndolo cooperativamente, ya que así complementamos diversas cosmovisiones y personalidades con la nuestra, permitiendo el crecimiento intra e interpersonal de forma conjunta. Sin duda, el ser humano no está conforme con lo obtenido hasta ahora, tiene una sensación de vacío debido a sus constantes errores y se encuentra en un estado y un lugar que no quiere ni desea. Las consecuencias de sus actos escapan a la posibilidad de ser resueltos por sí mismos. Tal vez en el fondo quisiéramos volver a ese ocio que lo hizo pensar, sentirse diferente y pleno. Consideramos que en la actualidad se puede revivir este estado, ya que la tecnología, al realizar ciertas actividades superfluas, nos otorga el tiempo de inacción necesario para replantearnos y reflexionar sobre inquietudes fundamentales (¿qué tipo de personas queremos formar realmente?, ¿qué valores queremos inculcarles?, ¿qué metodología es necesaria y eficaz para que nuestra educación cobre sentido?, ¿lo que queremos inculcarles ayudará a erradicar la violencia, nos ayudará a ser mejores?, ¿es posible enseñar a quien no quiere aprender o a quienes creen saberlo todo porque tienen acceso a un conocimiento virtual?). Y no solo eso, nos brindaría también la oportunidad de que nuestras mentes usen la capacidad de razonar, pensar y ser creativos. Por el vacío de significado presente en la sociedad, la violencia a grandes magnitudes, la disconformidad generalizada, la falta de criterio en el sector educativo, los abusos desde los diferentes ámbitos sociales; planteamos la necesidad de la Filosofía para Niños (FPN). En la investigación sostenemos que la FPN es necesaria porque primero: fomenta el desarrollo cognitivo; segundo: promueve el desarrollo emocional; tercero: nos hace más creativos; y, por último, favorece la toma de buenas decisiones, haciendo de nosotros ciudadanos justos y reflexivos. Incluso promovería la generación de seres idóneos, capaces de formarse en un espíritu de fraternidad. Para desarrollar nuestra hipótesis hemos elaborado dos capítulos: el primero explica algunos conceptos previos, en él incluimos una historia breve de la FPN y, finalmente, una definición que justifique su mención en nuestra investigación; de esta forma entenderemos mejor, por ejemplo, los principios en los que se basa la filosofía para niños, la relación existente entre el desarrollo cognitivo y la lógica o la relación entre desarrollo emocional y autoestima. Referente a este capítulo deseamos subrayar la inclusión de ideas propias en conceptos tales como filosofía, filosofía para niños y filosofía con niños. El segundo capítulo es el desarrollo de la tesis propiamente dicha, se basa en investigaciones actuales y elucubraciones propias; además, en esta parte hacemos alusión a la sugerencia de aplicar la FPN en nuestro medio. Ambos capítulos incluyen las ideas del fundador de este programa, Matthew Lipman, quien se inspiró en los trabajos de Dewey, Vygotsky, Merleau-Ponty, Marcel, Yvon Beleval, Jerome Bruner, Wittgenstein, Ryle, Buber, Durkheim, Weber, Piaget, Pierce y Mead. Existen ciertos pensamientos a favor de la humanidad que se han convertido en utopías porque pretendemos que nuestras ideas acerca del mundo real se concreten perfectamente. Al pensar de este modo le quitamos la posibilidad de ser acto y perdemos la oportunidad de ver a las utopías de forma distinta, como medio para movilizar personas, gente de todas las épocas; quizá se realicen actos impulsados con los mismos ideales o teniendo en cuenta la misma utopía, más nunca suceden los hechos de igual manera, puesto que al ser tiempos distintos, las circunstancias también lo son. Por lo tanto, nuestra investigación no intenta ser la única alternativa, más sí una propuesta razonable que surja de una utopía, pero que avance con firmeza en el campo filosófico, volviéndose una luz de esperanza que nos acerque al conocimiento de nosotros mismos y los demás. es_PE
dc.description.uri Tesis es_PE
dc.format application/pdf es_PE
dc.language.iso spa es_PE
dc.publisher Universidad Nacional de San Agustín de Arequipa es_PE
dc.rights info:eu-repo/semantics/openAccess es_PE
dc.rights.uri http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/2.5/pe/ es_PE
dc.source Universidad Nacional de San Agustín de Arequipa es_PE
dc.source Repositorio Institucional - UNSA es_PE
dc.subject Ciencia filosofica es_PE
dc.subject Desarrollo cognitivo es_PE
dc.subject Base crítica es_PE
dc.subject Desarrollo emocional es_PE
dc.subject Conocimiento propio es_PE
dc.title Filosofía para niños es_PE
dc.type info:eu-repo/semantics/bachelorThesis es_PE
thesis.degree.name Licenciada en Filosofía es_PE
thesis.degree.grantor Universidad Nacional de San Agustín de Arequipa.Facultad de Filosofía y Humanidades es_PE
thesis.degree.level Título Profesional es_PE
thesis.degree.discipline Filosofía es_PE
dc.subject.ocde Folosofía es_PE


Files in this item

This item appears in the following Collection(s)

Show simple item record

info:eu-repo/semantics/openAccess Except where otherwise noted, this item's license is described as info:eu-repo/semantics/openAccess

Search DSpace


Browse

My Account

Statistics